Tariquía en peligro: la amenaza petrolera sobre un ecosistema clave
- generacionesperanz5
- 6 ene
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Publicado: 06/01/2026
Redacción AJNAB: Gabriela Rodriguez. A.
Fotos: Cedib y Mongabay Latam

La Reserva Nacional de Flora y Fauna Tariquía, ubicada en la provincia Arce del departamento de Tarija, enfrenta una creciente amenaza debido a proyectos de exploración y explotación petrolera impulsados por el Estado boliviano y empresas del sector hidrocarburífero. En los últimos años, las actividades de perforación se han intensificado dentro de esta área protegida de más de 246.000 hectáreas, pese a la oposición sostenida de comunidades indígenas, organizaciones ambientales y colectivos locales que exigen su paralización.
La presencia de operaciones extractivas ha derivado en un escenario de alta conflictividad social y jurídica. Diversos amparos constitucionales, protestas y movilizaciones denuncian presuntas vulneraciones a la Ley de Áreas Protegidas y a los derechos de las comunidades que habitan la zona.
Tariquía es considerada uno de los ecosistemas más valiosos del sur del país. Su territorio alberga yungas y bosques nublados que cumplen un rol estratégico como fuente principal de agua para la ciudad de Tarija y regiones aledañas, al concentrar importantes cuencas hidrográficas. La reserva resguarda además una notable biodiversidad, con especies endémicas y amenazadas como el oso de anteojos, el jaguar, el tapir, el guacamayo, el loro pinero y el mirlo de agua, y forma parte de un corredor ecológico binacional que conecta con el Parque Nacional Baritú, en Argentina.
Más allá de su riqueza biológica, los bosques bien conservados y el relieve montañoso de Tariquía brindan servicios ecosistémicos fundamentales, como la regulación climática y la captura de carbono, además de sostener las prácticas productivas tradicionales de comunidades campesinas que dependen directamente de este entorno natural.
La explotación petrolera conlleva riesgos significativos para este frágil ecosistema. La exploración sísmica 3D y las perforaciones fragmentan los hábitats naturales y provocan procesos de deforestación que podrían ser irreversibles. A ello se suma la liberación de contaminantes químicos y emisiones de metano, con impactos directos sobre ríos, suelos y la calidad del agua que abastece a miles de personas aguas abajo.

Comunidades como Pampa Redonda y San Nicolás han reportado afectaciones en la salud y en la producción agrícola, incrementando su vulnerabilidad frente al cambio climático en una región considerada el “corazón hídrico” del Chaco. Especialistas advierten que la continuidad de estas actividades podría derivar en la pérdida irreversible de biodiversidad, la extinción local de especies y una progresiva desertificación del territorio.
El eventual colapso de los servicios ecosistémicos agravaría la crisis hídrica en Tarija, con consecuencias directas sobre la seguridad alimentaria y el aumento de conflictos sociales, como ya ocurrió en otras áreas protegidas del país. Analistas ambientales cuestionan que el modelo extractivo priorice beneficios económicos de corto plazo en detrimento de la sostenibilidad ambiental, en contradicción con compromisos internacionales asumidos por Bolivia, como el Convenio sobre la Diversidad Biológica.
Ante este escenario, organizaciones de la sociedad civil y defensores del medio ambiente demandan una moratoria inmediata a la explotación petrolera en Tariquía, así como el fortalecimiento de la gestión comunitaria y el ecoturismo como alternativas de desarrollo sostenible. Asimismo, llaman a la movilización ciudadana y a acciones legales para declarar la zona intangible y garantizar la preservación de este patrimonio natural para las futuras generaciones.







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